Las plazas de la Catedral
La catedral de Santiago es el punto de llegada de los peregrinos que realizan el Camino, y también es el monumento de visita ineludible para los turistas que llegan a la ciudad, para admirar en todo su esplendor la catedral y su entorno es necesario también recorrer las plazas que la circundan. Lo haremos de manera pausada para poder admirar cada uno de los detalles que nos ofrecen y, a la vez, para maravillarnos con las vistas de todas las fachadas de la catedral.
Empecemos pues: nuestro punto de partida es obviamente la plaza del Obradoiro, todos pensamos en ella cuando nos hablan de Santiago y de su catedral, en sus esquinas los viajeros van y vienen en un intento de aproximarse a la historia de esta ciudad. Es una plaza muy grande y aquí también encontramos el Palacio de Raxoi, el Parador de Turismo de los Reyes Católicos, el Colegio de Fonseca y el Colegio de San Jerónimo. Mi sugerencia es poder admirar desde el Obradoiro la fachada de la catedral antes de la puesta de sol para descubrir el contraste de las luces.
Al continuar hacia el norte nos topamos con la plaza de la Azabachería que posee un inequívoco estilo neoclásico, a un lado se sitúa la entrada al monasterio de San Martiño Pinario donde también podemos ver el convento y estatua de San Francisco. Al extremo opuesto otra de las fachadas de la Catedral rematada con una escultura del apóstol Santiago peregrino.
Para llegar al siguiente destino que es la plaza de la Quintana podemos optar por pasar por la calle Vía Sacra (y descubrir la vista de la increíble torre Berenguela) o bajo los soportales y muro de la capilla de la Corticela. Esta plaza está dividida en dos mediante una escalinata: arriba la “quintana de los vivos”, abajo la “de los muertos”. Es una plaza sobria y serena, serena pero también animada porque con frecuencia se organizan actividades populares, en la Quintana observamos el Monasterio de san Pelayo de Montealtares.
Finalizamos el recorrido al sur, en la plaza de las Platerías que es la más pequeña de todas, durante la edad Media los talleres de orfebres y artesanos de la plata realizaban su trabajo bajo los soportales del claustro, por eso se llama así. Entre los monumentos que contemplaremos en ella están la fuente de los Caballos, la Casa del Cabildo o la fachada del Tesoro de la Catedral. En esta plaza el pórtico de las Platerías es una exquisitez que no debemos olvidar.
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